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Letra por letra

¿Cómo hace un monstruo para pedir ayuda? El de esta historia solo quiere aprender a escribirse bien.
Es que él no sabe si es moustro, monstro o moooonstruo. Pero nadie se toma el tiempo de escucharlo y de prestarle atención cuando él se presenta e intenta plantear sus dudas.
Autora: Liza Porcelli Piussi
Ilustradora: Eugenia Nobati
Colección: Nido de palabras
lustración de 300 gramos – polipropileno mate – laca sectorizada
Páginas: 32 páginas en ilustración 115 gramos mate
Encuadernación: PUR

$ 18.000,00

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Categoría:

Capítulo 1

Nunca supe bien cómo escribir mi nombre.
Es que no estaba seguro de si yo era MOUSTRO, MONTRO o MOOOONTRUO.
Por eso, me la pasaba pidiendo ayuda.
Pero antes de que yo alcanzara a mostrarles mis tres formas de ser, las personas se iban corriendo… ¡Algunas hasta se tapaban los oídos!
Y así, era imposible aprender a escribirme bien.

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¿Cómo hace un monstruo para pedir ayuda? El de esta historia solo quiere aprender a escribirse bien.
Es que él no sabe si es moustro, monstro o moooonstruo. Pero nadie se toma el tiempo de escucharlo y de prestarle atención cuando él se presenta e intenta plantear sus dudas.

Sobre el Autor

Como me aburre describirme, voy a pedirle a mi perro que lo haga (Berni no lo sabe pero, en el parque, yo me doy cuenta de que él se manda la parte frente a los demás perros, solo por tenerme a mí de humana). Por eso, me conviene que él hable:

Liza siempre se agacha y apoya las rodillas en el piso cuando se comunica conmigo o se le acerca a un perro o se encuentra con un niño.

Liza detesta cocinar, no come animales desde hace muchísimo tiempo (desde antes de que yo la conociera), vive a palta y frutos secos; pero a mí me cocina todos los días y me consigue carne para respetar que alguna vez fui lobo.

Liza viaja desde Buenos Aires, donde vivimos juntos, a Bahía Blanca, donde ella creció. Va visitar a su familia, pero solo viaja si puede llevarme a mí para que también los visite. Es que todo lo hace conmigo porque, según dice, «ella es más ella cuando la acompaña un perro».

Será por eso que si no está sentada en la computadora mientras yo descanso a su lado, está caminando conmigo. Caminamos por horas hasta llegar a algún lugar de tierra y verde donde yo soy más yo (como le pasa a ella cuando está conmigo).

Liza saluda a los perros que pasan y ni mira a los humanos que el perro lleva de la correa y la mano. También cuando caminamos, me habla, me explica cosas; no sé bien cuáles pero yo le muevo la cola.

Liza ama su trabajo de escritora. Yo también lo amo. A ella, el sonido de las teclas al escribir la hace sonreír; a mí me hace dormir en paz porque sé que mientras ella pueda escribir, sonreirá y no se irá sin mí a ningún lado.