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Las cosas del cielo
En casi todos los paisajes hay un pedacito de cielo. En el mismo cielo donde suceden muchos fenómenos maravillosos aparecen objetos extraordinarios: son las cosas del cielo. Desde siempre la humanidad ha observado y registrado todas esas cosas y, poco a poco, las fue explicando de alguna manera. Horacio Tignanelli pensó este libro para centrar la mirada sobre estos temas con algo de información, mucho de observación, e incluso con canciones, anécdotas y adivinanzas. De ese modo, el libro permite identificar algunos de los interrogantes que tanto las infancias como las personas adultas aún nos hacemos sobre las cosas del cielo.
Autor: Horacio Tignanelli
Ilustradora: Vera Chejfec
Colección: Palabras para descubrir
lustración de 300 gramos – polipropileno mate – laca sectorizada
Páginas: 104 páginas en obra 90 gramos
Encuadernación: PUR
$ 28.000,00
Contenido
Índice
Capítulo uno
Cosas que caen del cielo
Capítulo dos
Cosas que suben y bajan del cielo
Capítulo tres
Cosas luminosas
Capítulo cuatro
Cosas extratarrestres del cielo
Capítulo cinco
Cosas aéreas del cielo
Capítulo seis
Cuatro advertencias sobre
las cosas del cielo
Capítulo uno
Aunque a veces nos dé esa impresión, el cielo no es algo corpóreo como un monumento o una taza. Tampoco es un ser vivo, como una oruga o un eucalipto. Se trata de algo incorpóreo.
El cielo es impalpable, es decir que no puede tocarse como un pasamanos, o asirlo como un palo de escoba. Tampoco es posible encerrar un poco de cielo en un frasquito, como se hace con algunos remedios, por que es incontenible.
El cielo es un elemento como el azufre o el oxígeno, ni puede definirse en ningún estado (líquido, gaseoso, sólido, etc.), ya que es inmaterial. Es más: el cielo ni siquiera forma parte del universo como la Luna y el Sol.
Capítulos
Páginas
En casi todos los paisajes hay un pedacito de cielo. En el mismo cielo donde suceden muchos fenómenos maravillosos aparecen objetos extraordinarios: son las cosas del cielo. Desde siempre la humanidad ha observado y registrado todas esas cosas y, poco a poco, las fue explicando de alguna manera.
Horacio Tignanelli pensó este libro para centrar la mirada sobre estos temas con algo de información, mucho de observación, e incluso con canciones, anécdotas y adivinanzas.
De ese modo, el libro permite identificar algunos de los interrogantes que tanto las infancias como las personas adultas aún nos hacemos sobre las cosas del cielo.
Sobre el Autor
Nací y crecí en Boedo, uno de los barrios más taciturnos de Buenos Aires. Durante mucho tiempo mantuve encendido el fuego de una fragua, porque mi papá era herrero y me fascinaba verlo forjar en su yunque. En la misma ciudad transité un Jardín de Infantes con guardapolvo, luego las escuelas primaria y secundaria, sin repetir y sin soplar. Luego, aprendí periodismo en el Círculo de la Prensa (en el centro porteño, cerquita del Congreso Nacional), astronomía en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas (UNLP, en el bosque de La Plata) y teatro de títeres por todo el país, a través del aporte y la generosidad de grandes maestros del género.
Además de ejercer dichas profesiones en sus ámbitos específicos, una lenta amalgama de esos estudios permitió que orientara mi trabajo a la transmisión de saberes culturales con focos en el arte y en las ciencias (en particular, en el teatro de títeres y la astronomía). De esa manera, con total convicción y algo de osadía, me transformé en un popularizador de las ciencias a través de metodologías no formales, utilizando estrategias propias de la educación por el arte.
Entonces pude hacer programas de radio y televisión, montar y manejar planetarios, realizar instalaciones científicas, diseñar y construir parques temáticos de astronomía, participar de exhibiciones de ciencia y arte, montar y representar espectáculos en teatros y en diversos tipos de espacios, siempre para público de todas las edades (aunque confieso que, con mayor frecuencia, encaucé mis producciones hacia las infancias).
También escribí un poco de todo lo aprendido con los años, durante mi derrotero: artículos de
ciencia y de arte, libros para docentes y libros para estudiantes, notas en revistas y periódicos,
algunos cuentos y abundantes obras de teatro de títeres.
Actualmente vivo en Buenos Aires, pero con las valijas hechas, ya que múltiples aspectos de mis
actividades se desarrollan en otras localidades de Argentina y del extranjero.
Por último, vale destacar que el único antecesor que reconozco es el también astrónomo y titiritero Fábulo Vega (descripto por Daniel Moyano en Tres golpes de timbal) con quien me unen dos sensaciones: la certeza de que los girasoles son relojes generadores de tiempo y la necesidad imperiosa de conservar la memoria popular.












